El cuarto cerdito
Botavara, 37, A Coruña
Construyó su casa de sólidas memorias. Las ventanas blindadas por una vida beligerante iluminaban una única sala sin tabiques. Toda la estancia olía a pan honesto. Los buenos momentos goteaban del techo, el desamparo se filtraba por el suelo. Aquella tarde simplemente esperaba la visita.
Sus hermanos destacaban de él que siempre fue un verso libre, pero un verso amado. Por ello, cuando la alargada figura ennegreció los muros y las garras afiladas ya deshacían la puerta, no resultó sorprendente que el cerdito dijese:
Lobito, hoy aquí nadie escapa.
Sus hermanos destacaban de él que siempre fue un verso libre, pero un verso amado. Por ello, cuando la alargada figura ennegreció los muros y las garras afiladas ya deshacían la puerta, no resultó sorprendente que el cerdito dijese:
Lobito, hoy aquí nadie escapa.