El paseo.
Pks, 59, Zamora
El sol se desperezaba cuando Clara sujetó la correa. Sus pasos eran pesados, pero el entusiasmo de Max no daba tregua. Cada tirón de la correa la arrancaba de aquellos pensamientos grises, devolviéndola al presente. La invitaba a coger aire con ganas, admirar el rocío sobre la hierba y saludar a los vecinos. Al volver a casa, Max cayó rendido. Clara, en cambio, se sentía ligera.
Entonces comprendió que cuidar de alguien es también dejarse cuidar.
Entonces comprendió que cuidar de alguien es también dejarse cuidar.