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Misdocelineas, 38, San Antonio de Benagéber
Acaba de dejar a sus hijas en el colegio cuando, al aparcar en el supermercado, lo ve cruzar en patinete. El mismo de hace treinta años. Como todos los veranos, la piel pálida muy bronceada destaca su pelo corto y rubio, casi blanco. Una belleza inequívocamente extranjera. Sin conocerle, ese gesto tan determinado suyo, podría parecer enfado. ¿Cómo es posible? El retrovisor, despiadado, le devuelve sus casi cuarenta años, cinco de ellos sin dormir.
Con los días no puede evitar seguirle hasta una casa cercana y, finalmente, su voz, aunque más profunda y grave, contesta al telefonillo para enmudecerla.
Con los días no puede evitar seguirle hasta una casa cercana y, finalmente, su voz, aunque más profunda y grave, contesta al telefonillo para enmudecerla.