O tal vez, no
José María, 49, Málaga
Nacemos con un espejo empañado que nadie limpia antes de tiempo: sería inútil, porque nada puede cambiarse. Al abandonar la infancia, elegimos si aclararlo o dejarlo opaco. Algunos ven reflejos de vidas largas; otros, sombras de muertes tempranas. Nadie llora ni celebra, porque hasta las emociones están grabadas en el vidrio. Yo aún no decido si limpiar el mío. Sé que, cuando lo haga, aceptaré lo que vea sin resistencia. O tal vez, no.