BELLEZA
M. NIEVES SORIA S., 72, Madrid
Llegó hasta la mesa, se detuvo un instante indecisa y se volvió despacio saliendo con la misma cadencia con la que había entrado. Yo me quedé mirándola embobado, subyugado por su belleza y por su elegancia. Volví por un momento a mi infancia y recordé mi amor por ellas. Solté un suspiro.
¡Qué lástima que la vida de las mariposas sea tan breve, que nada pueda cambiar su destino!
¡Qué lástima que la vida de las mariposas sea tan breve, que nada pueda cambiar su destino!