Madre
Diana Robletto, 14, Sant Cugat del Vallés
Todos decían que estaba destinada a hacer grandes cosas.
Tengo veinte años, debería estar estudiando en una universidad prestigiosa.
Pero en cambio, estoy meciendo a la niña que me cambió la vida.
Tengo dos trabajos, y estoy exhausta.
Ni siquiera puedo pagar todas las facturas.
Pero cuando veo la sonrisa de mi hija, sé que todo ha valido la pena.
Sé que no cambiaría mi destino por nada del mundo.
Tengo veinte años, debería estar estudiando en una universidad prestigiosa.
Pero en cambio, estoy meciendo a la niña que me cambió la vida.
Tengo dos trabajos, y estoy exhausta.
Ni siquiera puedo pagar todas las facturas.
Pero cuando veo la sonrisa de mi hija, sé que todo ha valido la pena.
Sé que no cambiaría mi destino por nada del mundo.