CAST / GAL

EL CRUCE
Maria GL, 36, Valladolid

Aquel tren no era el suyo, pero subió. Sentía que algo —no sabía qué— la empujaba. En el vagón, un hombre leía el mismo libro que ella llevaba en el bolso. Sus miradas se cruzaron, tímidas, como si el universo bostezara con pereza al ver cumplido su plan.
No hablaron. Solo sonrieron.
Se bajaron en estaciones distintas. Nunca volvieron a verse.
Años después, al contarle a su hija cómo conoció al padre, mintió dulcemente.
Porque el destino no siempre es quedarse. A veces, solo basta una mirada para cambiar el rumbo sin que nadie lo note.
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