Destino incierto...
Valyria, 31, Cangas de Morrazo
Ese día una marabunta de sentimientos la invadía: miedo, ansiedad, incertidumbre, presión, estrés, agobio..., pero también esperanza, ilusión, ganas, fuerza. No sabía lo que pasaría al día siguiente, pero lo que sí sabía es que llevaba mucho tiempo preparándose lo mejor posible para poder cambiar el destino de su vida. Se jugaba el todo o nada en aquel examen, de ahí la presión, el agobio y el estrés. Sin embargo, el 22 de junio le enseñó que, por mucho que hagamos y nos esforcemos, el destino no está en nuestras manos, que las cosas llegan cuando tienen que llegar.