El destino
Sofía, 36, Brión
Cada mañana, Tomás tomaba el mismo tren, a la misma hora, con el mismo café.
Un día, se olvido su reloj y llegó tarde, subió a otro vagón, junto a Clara.
Ella le sonrío, él le ofreció un sorbo de café.
Años después, contaban esa historia a sus nietos, entre risas.
“¿Y si no hubieras llegado tarde?”
Tomás respondía: “el destino no se retrasa, solo toma desvíos”
Un día, se olvido su reloj y llegó tarde, subió a otro vagón, junto a Clara.
Ella le sonrío, él le ofreció un sorbo de café.
Años después, contaban esa historia a sus nietos, entre risas.
“¿Y si no hubieras llegado tarde?”
Tomás respondía: “el destino no se retrasa, solo toma desvíos”