CAST / GAL

Rejuvenecido
Tábata, 68, Madrid

Aunque la vejez devora sus manos y el cansancio le nubla la vista, cada día recorre varias veces la antigua alameda. A menudo el jadeo se une a las caminatas como un acompañante molesto. Pero hoy, ella lo espera sentada en aquel banco, igual que entonces, con un libro sobre la falda. Cuando la ve, la cortina desaparece de los ojos y la piel se vuelve tersa. Continúa. No acelera el paso. El aire entra con suavidad en los pulmones. Solo el corazón parece tener prisa.
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