CAST / GAL

A la hora convenida
X. M. FERRO FORMOSO, 45, As Pontes de García Rodríguez

Los cirios ardían con una llama serena, como si el aire se hubiese detenido. Un murmullo de plegarias se alzaba, monótono, sin nombre. El incienso lo impregnaba todo con un dulzor terroso, como si la tierra respirase. Sentí cómo alisaban mi solapa, cómo un rosario helado resbalaba entre mis dedos. ¿Qué ceremonia era aquella, tan solemne, tan íntima? Alguien lloraba. Quise hablar, pero mis labios no respondieron. Al oír la primera palada de tierra sobre la madera, comprendí que mi final había llegado… y que lo único que quedaba de mí eran los ecos que el silencio dejaba atrás.
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