La mano
Queiroga, 39, BARDAOS (SANTA MARIA-SAN SADURNIÑO)
Nadie recuerda la última vez que mi madre me llevó de la mano.
Seguro que fue una tarde cualquiera, cruzando una calle sin importancia. Yo solté sus dedos porque ya sabía mirar a ambos lados, porque tenía prisa, porque crecer parecía urgente.
Ella siguió caminando con la palma vacía.
Años después, al salir del médico, fui yo quien le ofreció la mano.
La suya temblaba un poco.
Entonces entendí que los cambios importantes casi nunca avisan: simplemente, un día, cambian de lado.
Seguro que fue una tarde cualquiera, cruzando una calle sin importancia. Yo solté sus dedos porque ya sabía mirar a ambos lados, porque tenía prisa, porque crecer parecía urgente.
Ella siguió caminando con la palma vacía.
Años después, al salir del médico, fui yo quien le ofreció la mano.
La suya temblaba un poco.
Entonces entendí que los cambios importantes casi nunca avisan: simplemente, un día, cambian de lado.