CAST / GAL

La teoría del tropezón
El gato de Oscar Wilde, 71, Oviedo

A los 8 años leyó que el destino estaba en las estrellas. Y, por si acaso, vigilaba el cielo a diario.
A los 15, lo convencieron para estudiar mucho: el destino estaba en sus manos.
A los 30 estaba seguro de que no existía. Solo era una excusa para no tomar decisiones.
A los 50, consultaba la ouija, aunque todos le decían que era muy mayor para eso.
A los 60, tropezó con una baldosa suelta, cayó sobre una mujer… y se casaron.
Desde entonces, está seguro de que el destino existe.
Y que tiene muy mala leche.
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