El día que el destino te encontró
Marga, 51, Teo
El día que olvidé el nombre, el destino comenzó a escribir otro. Las señales surgían disfrazadas de coincidencias: una canción insistente o una sombra que seguía sin verse.
Cada paso repetía huellas de otros sin memoria propia.
Sobre la mesa, un mapa perdido sin rutas, revelaba encrucijadas aún por elegir.
Las estrellas no guiaban; vigilaban con fría indiferencia.
El destino susurraba en los rincones invisibles donde nadie escucha, oculto en silencios eternos entre palabras secretas. No era profecía, sino un eco de un ciclo mágico.
Aquella llave cerraba puertas y abría posibilidades. El umbral ya estaba cruzado sin darse cuenta.
Cada paso repetía huellas de otros sin memoria propia.
Sobre la mesa, un mapa perdido sin rutas, revelaba encrucijadas aún por elegir.
Las estrellas no guiaban; vigilaban con fría indiferencia.
El destino susurraba en los rincones invisibles donde nadie escucha, oculto en silencios eternos entre palabras secretas. No era profecía, sino un eco de un ciclo mágico.
Aquella llave cerraba puertas y abría posibilidades. El umbral ya estaba cruzado sin darse cuenta.