Olor a traición
Eudoxio Gallego, 56, A Coruña
Sintió penetrar el frío acero. Estaba irremediablemente herido de muerte. Se le nublaba el rostro de su asesino. Oía sollozos entrecortados. "Lo siento, mi vida, fue una equivocación". La equivocación estaba en haber aceptado aquel cuchillo, regalo de su amigo, Juan, y Linda, esposa de Juan. "Para la caza", comentaron. La sangre salía a borbotones. Se le escapaba la vida. Aún revivía con escalofríos la sensación al coger el cuchillo por primera vez. Precioso, brillante, fuerte, con olor a traición. "Cariño, creí que era Juan que regresaba", susurraba Linda junto con un lamento que se fundió con su último suspiro.