**Mudar la piel bajo la piedra dorada**
Isabel, 52, SALAMANCA
En Salamanca, la piedra parece eterna, pero nosotros somos puro movimiento. Sentada en la Plaza Mayor, observo la primera hoja que cae en otoño. Recuerdo aquel nudo en el estómago de mi primer día de clase y lo comparo con el orgullo de ver a mis antiguos alumnos conseguir lo que quieren. La vida no es lo que se queda quieto, sino la primera flor que brota tras el frío. Al final, no somos la meta, sino cada pequeño cambio que nos va convirtiendo en quienes somos hoy.