Inevitable
Coloma, 35, Vigo
El destino nos arrastró como fuego invisible. No hubo señales, ni advertencias; solo un instante donde tus ojos incendiaron mi mundo. Compartimos textos y cuando me quise dar cuenta, ya a estabas en mi risa. Nos rozamos entre sombras y luces de ciudad, compartimos libros, cine, lluvia y besos dentro un coche. Ahí supe que no podía escapar.
El destino no negocia, ni pregunta: dicta, obliga, une. Nos dejó enredados en un momento que no podíamos planear, y aún así, lo hicimos. Tú eras inevitable, y sangre en unos meses y yo lo sabía. Pero no hui. Ahora escuece.
El destino no negocia, ni pregunta: dicta, obliga, une. Nos dejó enredados en un momento que no podíamos planear, y aún así, lo hicimos. Tú eras inevitable, y sangre en unos meses y yo lo sabía. Pero no hui. Ahora escuece.