Al forastero
Juan Antonio, 69, Ribadeo
Mal momento para advenir al ser, delata su hacer; consuelo siempre en el rostro de la madre. En el umbral del infierno, corazones sin hacer en él son latidos de alargado dolor; en su alma, sólo anhelo de firmes vínculos.
Un desconocido ha llegado; el trato de un igual le dispensa: en la sonrisa abierta, se ve a sí siendo uno más y, en el rostro, la dicha del ahora y del aquí.
El forastero se ha ido; era “su hora”. Y del solitario, el epitafio: “Gracias; eres mi amigo”.
Un desconocido ha llegado; el trato de un igual le dispensa: en la sonrisa abierta, se ve a sí siendo uno más y, en el rostro, la dicha del ahora y del aquí.
El forastero se ha ido; era “su hora”. Y del solitario, el epitafio: “Gracias; eres mi amigo”.