LA BOTELLA DE GÜISQUI
DELARRAGA, 66, Barcelona
En el fondo del armario del salón hay una botella de güisqui. Apenas quedan dos dedos de licor. La bebían los dos amigos en las noches cálidas de los veranos que pasaron en aquella casa de la costa. Duró muchos años, bebían un solo vaso cada vez, esperando que durase mucho tiempo, tal como pretendían que durase su amistad.
Pero, un par de años seguidos algún acontecimiento hizo imposible que se viesen. Luego, la inercia, las vidas de cada uno, lo que fuese, siguió separándoles. Ahora, quedan dos dedos de güisqui para apurar algún día, lo mismo que su amistad.
Pero, un par de años seguidos algún acontecimiento hizo imposible que se viesen. Luego, la inercia, las vidas de cada uno, lo que fuese, siguió separándoles. Ahora, quedan dos dedos de güisqui para apurar algún día, lo mismo que su amistad.