Hasta Pontedeume y más allá
Anai, 56, Vigo
Aquí voy yo, una tarde de cualquier día, medio dormida, cansada, en mi tren de regreso habitual. Detrás de mí, dos chicas hablan de una ruptura: “Era el destino”. Y, claro, me quedo atrapada en la palabra.
“El destino es cruel”, “el destino no está escrito”, “la fuerza del destino… nos hizo repetir”, “dueña de su destino”...
Frases tan manidas como contradictorias. Puaj.
El tren aminora la marcha.
—Próximo destino: Pontedeume.
Mi gato y mis dos churumbeles seguro que me esperan hambrientos.
Ese sí que es mi destino.
Gracias, universo.
“El destino es cruel”, “el destino no está escrito”, “la fuerza del destino… nos hizo repetir”, “dueña de su destino”...
Frases tan manidas como contradictorias. Puaj.
El tren aminora la marcha.
—Próximo destino: Pontedeume.
Mi gato y mis dos churumbeles seguro que me esperan hambrientos.
Ese sí que es mi destino.
Gracias, universo.