El arte de vivir
Victoria, 19, Pontevedra
Un cuadro a simple vista de un sobrio tono monocromático desdibujaba la realidad para cada espectador. Una joven artista contemplaba a un semihumano surcando el cielo, que a pesar de poseer majestuosas alas, unos viles grilletes atados en su anatomía impedían continuar su travesía. En cambio, un escritor retirado examinaba con detenimiento a un individuo conformado por una postura desolada. Este deambulaba sobre unos interminables escalones , sin dirección o rumbo fijo. Se dice que en el inferior de la obra se encontraba un curioso grabado: “El arte de vivir empieza con el cambio de enfrentar nuestras propias cadenas invisibles”.