LA ÚLTIMA DECISIÓN
Bossa, 43, Ribeira
Siempre creyó que el destino estaba escrito. Por eso aceptaba cada cambio como una obligación, hasta aquella mañana en que tuvo que elegir entre quedarse o marcharse. Frente a dos caminos, recordó todas las decisiones que lo habían llevado hasta allí. Comprendió entonces que el destino no era una línea trazada de antemano, sino una suma de pequeñas elecciones. Dio un paso hacia lo desconocido. No sabía qué encontraría al final, pero por primera vez sintió que el futuro no lo esperaba: lo estaba construyendo él mismo.