Al Alba
Bárbara, 34, Oleiros
"Odio la idea del destino", dijo el revolucionario, "así que, por favor, cuando cuentes mi historia, no me cargues con el peso de esa palabra".
Al alba, cuando la corneta tocase, su cabeza, súbitamente libre de su cuello, besaría la tierra que tanto había amado, y su muerte, como si por la predeterminación de la que tanto habían hablado se tratase, inspiraría a miles de hombres a levantarse.
Pero eran sus elecciones, las suyas y las de aquellos hombres, las que conducirían a la libertad. Nunca el destino. No sería justo hacerle cargar con el peso de esa palabra.
Al alba, cuando la corneta tocase, su cabeza, súbitamente libre de su cuello, besaría la tierra que tanto había amado, y su muerte, como si por la predeterminación de la que tanto habían hablado se tratase, inspiraría a miles de hombres a levantarse.
Pero eran sus elecciones, las suyas y las de aquellos hombres, las que conducirían a la libertad. Nunca el destino. No sería justo hacerle cargar con el peso de esa palabra.