El corredor corría
Javito, 45, A Estrada
Era un día de calor, mucho calor. El sol caía a plomo y el asfalto parecía lava capaz de derretir las zapatillas. No se movía una hoja. No era la mejor hora, pero era su hora, la única que tenía. El sudor lo empapaba, la garganta estaba seca, la rodilla dolía… pero seguía. Podría haberse rendido al sofá y televisión, al cómodo conformismo que todos le recomendaban. Pero no. El corredor no corría por profesión, dinero ni méritos. Corría porque eso era lo que hacía, eso era él. Porque, incluso cuando dolía y sufría, él seguía corriendo. Seguía siendo.