Nubes Rojas
Gabriel, 49, Boimorto
Rodeó la casa y esperó a que no hubiese ninguna luz encendida. Al entrar por la ventana la gata se restregó en sus piernas y la acarició dándole una sardina que llevaba en el bolsillo. Subió las escaleras, entró en la habitación y allí estaba ella, con su batamanta de terciopelo azul, peinando su melena dorada, observando su carta astral, hasta que lo miró fijamente y le dijo:
-Hoy es el día. Esta vez sí estoy preparada.
-Vale, dijo él, sin más, abrazándola.
Al día siguiente, la madre llamó al psiquiatra porque su hija aún seguía teniendo pesadillas.
-Hoy es el día. Esta vez sí estoy preparada.
-Vale, dijo él, sin más, abrazándola.
Al día siguiente, la madre llamó al psiquiatra porque su hija aún seguía teniendo pesadillas.