CAST / GAL

Destino
Isaías, 50, Telde

El reloj marcaba la hora sin compasión, pero no ofrecía respuestas. Había cumplido con cada paso previsto, cada gesto repetido hasta el cansancio, y aun así la sensación de vacío persistía. Las palabras de otros resonaban en su mente como un eco que nunca traía dirección. Frente al espejo, la mirada devolvía preguntas que nadie podía resolver. ¿Era este el inicio de algo, o el final silencioso de todo? El futuro no se mostraba como un lugar, sino como una grieta abierta en el pecho: un destino incierto, tejido no de caminos, sino de elecciones que aún temía tomar.
Compartir: