No era hoy
PYRGOS, 53, A Coruña
—¡Eres débil! —paseó sus ojos iracundos por mi avergonzada y maltrecha anatomía y asomó su ira en la comisura de los labios, donde, desesperada, erupcionó una frase—: Vete al infierno.
Inspiré profundo antes de hincar mi sangrienta rodilla en el asfalto. Me arrastré hasta la acera y descansé cabizbajo mientras los sanitarios buscaban mis venas y me ayudaban con la máscara de oxígeno. La policía interrogaba al autor del atropello.
Subí a la ambulancia por mi propio pie.
Ella, de negro, se alejó, guadaña en mano... No entendía nada.
—No era hoy —le dije—. Yo decidiré mi destino.
Inspiré profundo antes de hincar mi sangrienta rodilla en el asfalto. Me arrastré hasta la acera y descansé cabizbajo mientras los sanitarios buscaban mis venas y me ayudaban con la máscara de oxígeno. La policía interrogaba al autor del atropello.
Subí a la ambulancia por mi propio pie.
Ella, de negro, se alejó, guadaña en mano... No entendía nada.
—No era hoy —le dije—. Yo decidiré mi destino.