La
Alejandro Álvarez, 20, Culleredo
La empresa le notificó esta mañana a “A” su primera semana de descanso remunerado en años. “A” estaba confundido, no tenía aficiones, ni pareja, y el trabajo en la fábrica no le permitía más que una pequeña habitación en la periferia de la nueva ciudad. “A” se tumbó en su viejo colchón, se cubrió con una manta y miró su teléfono hasta cansar la vista, durmió y volvió a cogerlo automáticamente, y así en un bucle del que ni salía ni parecía querer salir. Pocos en la ciudad conocen a “A”, pero son muchos los que comparten su mismo destino.