La caída
África, 18, Oleiros
Yo no solía ser deportista.
Crack.
Pero descubrí que me gustaba serlo. Me enamoré del cuerpo fuerte y capaz que me devolvía la mirada en el espejo. Saboreé la decepción y aprendí a amarla tanto como al éxito. Encontré mi refugio en el sudor, mi descanso en el esfuerzo.
Y todo se esfumó en un segundo.
Crack.
Ahora estoy sentada frente al espejo. Todavía oigo el chasquido con la claridad del primer día. Hay unas piernas muertas en el reflejo. Una chica delgada y demacrada me devuelve la mirada.
Yo solía ser deportista.
Crack.
Pero descubrí que me gustaba serlo. Me enamoré del cuerpo fuerte y capaz que me devolvía la mirada en el espejo. Saboreé la decepción y aprendí a amarla tanto como al éxito. Encontré mi refugio en el sudor, mi descanso en el esfuerzo.
Y todo se esfumó en un segundo.
Crack.
Ahora estoy sentada frente al espejo. Todavía oigo el chasquido con la claridad del primer día. Hay unas piernas muertas en el reflejo. Una chica delgada y demacrada me devuelve la mirada.
Yo solía ser deportista.