Los círculos del agua
CLARKSDALE, 52, A Coruña
...Su mirada era casi humana.
—Es su destino —dijo mamá.
—No podemos hacer nada —recalcó él, mientras encendía un cigarrillo más. Sus botas, hundidas en el barro, dejaban escapar un vaho nauseabundo; a lo lejos huían todos los patos del embalse.
Cuando lo ahogamos, se fue sin cerrar los ojos. Lloramos cogidos de la mano, mirando los círculos del agua. Todavía conservo su correa.
—Es su destino —dijo mamá.
—No podemos hacer nada —recalcó él, mientras encendía un cigarrillo más. Sus botas, hundidas en el barro, dejaban escapar un vaho nauseabundo; a lo lejos huían todos los patos del embalse.
Cuando lo ahogamos, se fue sin cerrar los ojos. Lloramos cogidos de la mano, mirando los círculos del agua. Todavía conservo su correa.