CAST / GAL

El andén
Enrique Esparza, 32, Tordesillas

Por fin, después de un viaje que le resultó interminable, el tren se detuvo en la estación. La noche era cerrada y la niebla no dejaba ver el último vagón. Allí, contemplando los viajeros que iban y venían, se detuvo y pensó en todo lo que había dejado atrás. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, recogió su maleta del suelo y, abrumada por la mezcla de sentimientos que le abordaban, salió de la estación. Una nueva vida se abría ante sus ojos. En ese momento estuvo segura: había llegado a su destino.
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