Cuidado paliativo
Lolo Carles, 46, Vigo
Siento el peso de mis últimos alientos, denso, palpable. Escucho susurros, llantos, el ajetreo a mi alrededor. Intento decirles que sigo aquí, pero solo escapa un sonido grotesco que provoca desagrado. Ella, mi cuidadora, llora junto a mí. Su mano, cálida, se posa sobre la mía. Su toque calma mi miedo, mi vacío. Comprendo que el destino siempre fue este: partir con su mano sobre la mía. No temía la muerte, sino desaparecer sin sentirla una última vez. Ahora, estoy listo. Puedo irme.