Cinco minutos
Agustina Clara, 68, Lugo
El tren partió con cinco minutos de retraso. A Lucía, eso le salvó la vida. Cruzó la calle justo después de que el camión sin frenos la atravesara. No lo supo nunca. Pensó que simplemente había tenido suerte. Aquel día, en la estación, Martín también llegó cinco minutos tarde. Se sentó a su lado. Hablaron. Se enamoraron. Vivieron cincuenta y cinco años juntos. Jamás imaginaron que el universo había girado piezas invisibles para que se encontraran. El destino no grita, susurra. Cambia todo con una pausa, un desvío, un latido. A veces, llegar cinco minutos tarde es llegar a tiempo.