CAST / GAL

Nadie escapa del destino
Irene, 54, Carballo

Corrió muy lejos. Se deshizo de su nombre, del eco de los suyos, de todo lo que dolía. Se ocultó en un piso sin ventanas, donde el polvo era su único testigo. Allí el tiempo se volvió líquido, sin días ni relojes. Pensó que estaría a salvo, fuera del alcance de la memoria. Pero un día, sin previo aviso, alguien llamó a la puerta. No era un cartero, ni un vecino. Era el destino, puntual y absurdo, con la misma sonrisa del pasado. Ella no abrió, pero el pomo giró igual. Nadie escapa aquello que sueña con encontrarlo.
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