La persecución
Klaus, 32, Sevilla
Hace tiempo que oigo unos pasos cerca. Comienzo a sentir escalofríos, provocados por la respiración que me susurra casi al oído. Mis latidos se aceleran, pero solo percibo el sonido de la otra presencia y el de las manecillas del reloj, que no malgastan ni un solo minuto.
Y me pierdo en este vaivén sin fin, en esta carrera contra mí misma, cuya meta es difusa. Dudo entre esperarme o dejar que me alcance. Así, ante una derrota segura, me paro para confundir o, quizá, por confusión. Aun así, no sé si estoy persiguiendo o escapando del destino.
Y me pierdo en este vaivén sin fin, en esta carrera contra mí misma, cuya meta es difusa. Dudo entre esperarme o dejar que me alcance. Así, ante una derrota segura, me paro para confundir o, quizá, por confusión. Aun así, no sé si estoy persiguiendo o escapando del destino.