Verano de dos mundos.
EDIMAR, 36, Sanxenxo
El destino nos unió un verano gallego, bajo cielos que mezclaban lluvia y sol. Yo llegué con una hija venezolana, fuego y luz en la piel, raíces que buscaban tierra nueva. Él, jardinero de manos suaves y alma paciente, traía la calma profunda de Galicia. Nuestra familia nació entre dos mundos: risas que bailan al son del tambor, y melodías de gaitas que acarician el viento. Nuestra nueva hija crece puente de amor, llevando en su corazón la fuerza de dos culturas. En cada abrazo, el verano nos recuerda que el amor florece más allá de fronteras y tiempos.