NO LLEGUÉ
JOSÉ MARÍA, 55, Salamanca
Cuando quise darme cuenta, era tarde. Quedaba la esperanza de equivocarme. Salí corriendo como si me persiguiera la muerte. Seguí corriendo hasta desfallecer. Descansé algo. Comprendí que no había otra opción. No podía pararme y continué. Saqué fuerzas hasta del último gramo de mi cuerpecito. Mis zancadas eran más lentas y cortas pero estaba convencido de llegar a mi destino. Comenzó a tronar, llovieron manantiales y se levantó un viento propio de catástrofes renombradas. Pero seguí corriendo y seguí. Por fin llegué a mi destino, pero yo… YO ya no estaba allí. Así es de cruel el destino a veces.