Nunca más invierno
Tute, 47, Candelaria
Cuando sintió el invierno, cerró la puerta y tapió las ventanas. Bastaba mantener el fuego encendido para conservar intacta la temperatura. Mientras no abriera la puerta, nada cambiaría.
Quemó la leña. Después, fotos, la mesa, libros, la cama.
Cada mañana el fuego menguaba y, aunque ya no sentía frío, quemaba algo más por temor al cambio.
Hasta que solo quedó la puerta. Para arrancarla tendría que abrirla. No había opción.
Una ráfaga tibia le revolvió el pelo. Olía a tierra mojada. Afuera, sol, flores.
Volvió la mirada: la casa vacía, el fuego aún encendido.
El clima había cambiado hacía tiempo.
Quemó la leña. Después, fotos, la mesa, libros, la cama.
Cada mañana el fuego menguaba y, aunque ya no sentía frío, quemaba algo más por temor al cambio.
Hasta que solo quedó la puerta. Para arrancarla tendría que abrirla. No había opción.
Una ráfaga tibia le revolvió el pelo. Olía a tierra mojada. Afuera, sol, flores.
Volvió la mirada: la casa vacía, el fuego aún encendido.
El clima había cambiado hacía tiempo.