Mi abuela olía las naranjas antes de comprarlas
Queiroga, 37, Narón
Decía que el destino se escondía en su aroma: si olía a sol, habría buenas noticias; si amargo, cuidado con las decisiones.
Yo me reía.
Hasta que murió y, en su lugar, heredé su costumbre.
Hoy olí una naranja. Dulce, intensa, como un abrazo.
Cinco minutos después, recibí esa llamada.
Él vuelve.
No sé si es ciencia, magia o locura heredada.
Pero esta vez, abuela, creo que tenías razón:
el destino sí avisa.
Solo hay que saber dónde huele.
Yo me reía.
Hasta que murió y, en su lugar, heredé su costumbre.
Hoy olí una naranja. Dulce, intensa, como un abrazo.
Cinco minutos después, recibí esa llamada.
Él vuelve.
No sé si es ciencia, magia o locura heredada.
Pero esta vez, abuela, creo que tenías razón:
el destino sí avisa.
Solo hay que saber dónde huele.