Lo encontró en la cesta del carrito
Lou, 37, Narón
Un billete de lotería arrugado, sin dueño. Dudó, miró alrededor. Nadie.
Lo guardó.
Esa noche, los números bailaron en la pantalla como si ya los hubiera soñado. Premio gordo.
Millones.
Compró lo justo: tiempo, calma, unos tomates que sí saben.
Pero nunca pudo gastar ni un céntimo sin pensar en la mano que lo perdió.
Desde entonces, deja monedas en los carritos.
Por si el destino, al final, es eso: perder algo para que otro lo encuentre… y lo cuide.
Lo guardó.
Esa noche, los números bailaron en la pantalla como si ya los hubiera soñado. Premio gordo.
Millones.
Compró lo justo: tiempo, calma, unos tomates que sí saben.
Pero nunca pudo gastar ni un céntimo sin pensar en la mano que lo perdió.
Desde entonces, deja monedas en los carritos.
Por si el destino, al final, es eso: perder algo para que otro lo encuentre… y lo cuide.