El oro de la marea.
Henar, 49, Valladolid
El oráculo predijo que su destino estaba sellado con hilos de oro. El pescador rió a carcajadas, él solo sabía de redes y de mar. ¡Vaya locura!, pensó. Rechazó casarse en varias ocasiones con bellas aldeanas del puerto esperando su improbable fortuna. El tiempo pasaba y lo que predijo el oráculo no llegaba. ¡Jamás volveré a que lea mi futuro!, prometió sollozando. Un día, una tormenta destrozó su barco y lo arrastró a una orilla desconocida. Una tejedora de sedas doradas le rescató. El pescador, mirándola locamente enamorado pensó… a veces los hilos del destino se tejen de forma inesperada.