Las estrellas encerradas
Adriana Ávila López, 16, Granada
Cada estrella encerrada en la torre era un destino robado.
El rey las capturaba para torcer los hilos del mundo, temeroso de que uno lo señalara.
Lyra nació sin destino.
Nadie pudo leer su futuro: la tinta estaba ausente del cielo.
A los quince, trepó la torre. El viento la llamó por su nombre verdadero.
Encontró una estrella palpitando débil.
—Soy tu línea olvidada —dijo.
Lyra la liberó.
El cielo sangró luz.
Los destinos llovieron como fuego.
El rey cayó, su muerte escrita por fin.
Y Lyra, al fin escrita también, fue la primera libre.
El rey las capturaba para torcer los hilos del mundo, temeroso de que uno lo señalara.
Lyra nació sin destino.
Nadie pudo leer su futuro: la tinta estaba ausente del cielo.
A los quince, trepó la torre. El viento la llamó por su nombre verdadero.
Encontró una estrella palpitando débil.
—Soy tu línea olvidada —dijo.
Lyra la liberó.
El cielo sangró luz.
Los destinos llovieron como fuego.
El rey cayó, su muerte escrita por fin.
Y Lyra, al fin escrita también, fue la primera libre.