CAST / GAL

Sobrecogedor
Ismael, 50, Ávila

Nadie sabe cuándo. Aquella mañana se recreó al aspirar ese aroma a primavera tan evocador, pero al enfilar la cuesta del cementerio todo se fundió a negro.
Cayó a plomo en la acera y al cabo de unos segundos se levantó y continuó andando con una extraña sensación de ausencia. Nadie se percató de la situación y decidió volver a casa para serenarse.
Al doblar la esquina de su calle, el perro de un vecino corrió desaforado a su encuentro ladrando sin parar.
El dueño del animal, sorprendido, dijo:
—Caronte, ¿por qué ladras a la nada?
Compartir: