CAST / GAL

La cárcel.
Irene, 55, Santiago de Compostela

Tantos años viendo la luz del sol con barrotes y sin vengarme no pueden ser sanos para un hombre.
Cuando el vigilante del comedor no estaba mirando, cogí una cuchara de metal que se dejó la cocinera en la mesa donde nos servimos la comida.
Me dijeron que no llegaría a nada, que era inútil. Que con una cuchara delgaducha y de un metal tan blando no se podría cavar un agujero al exterior. 
Todos se equivocaron. 
Tras tres años excavando, finalmente vi la luz.
Lástima que fuera la del pasillo donde se encontraba mi celda.
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