El vestido rojo.
Lois Pardo, 57, Pontevedra
A primera hora de la mañana entró en la peluquería y se dejó hacer. Después, una amiga apareció con un vestido rojo colgado de una percha y unas sandalias doradas.
Hacía años que no se veía así, tan guapa.
Al llegar al juzgado, él ya la esperaba.
Se puso en pie al verla. La recorrió con la mirada y sonrió.
Ella le devolvió la sonrisa. Tomó asiento.
El funcionario deslizó los documentos del divorcio sobre la mesa.
Cogió el bolígrafo. Por primera vez en mucho tiempo, su mano no tembló. Firmó. Y se fue con paso firme.
Hacía años que no se veía así, tan guapa.
Al llegar al juzgado, él ya la esperaba.
Se puso en pie al verla. La recorrió con la mirada y sonrió.
Ella le devolvió la sonrisa. Tomó asiento.
El funcionario deslizó los documentos del divorcio sobre la mesa.
Cogió el bolígrafo. Por primera vez en mucho tiempo, su mano no tembló. Firmó. Y se fue con paso firme.