Un futuro que nunca fue
Miriam, 30, A Coruña
En un banco oxidado del parque, Matilda encontró una carta sin remitente. La abrió con manos temblorosas: hablaba de un amor perdido, un tren que partió sin ella y un destino sellado por la duda. El nombre al final era el suyo. Confundida, buscó entre los árboles, entre las sombras. Un anciano se le acercó, sonriendo. “Te esperaba”, dijo. Era él, el amor de la carta, envejecido por años de espera. El tren nunca partió; solo cambió de ruta. Elisa sonrió. A veces, el destino se atrasa… pero no se pierde. Y juntos caminaron hacia el futuro que no fue.