El hilo rojo
Ahinara, 18, A Coruña
Él y ella caminaron durante años por senderos distintos, sin saber que en sus dedos un hilo rojo unía su destino. Cada decisión, cada lágrima y cada sonrisa los acercaba en silencio. A veces estuvieron a metros de distancia, sin siquiera cruzar una mirada, como si el mundo quisiera alargar más la espera. Ellos, pacientes, esperaron a su alma gemela sin saber que estaban tan cerca. Y cuando llegó el momento oportuno, sus hilos se encontraron y se entrelazaron.
—El destino siempre brilla cuando estoy contigo —dijo con una sonrisa y con los ojos brillantes como estrellas.
—El destino siempre brilla cuando estoy contigo —dijo con una sonrisa y con los ojos brillantes como estrellas.