Queso con membrillo
Sara, 40, Torrejón de Ardoz
Entre pasillos de ofertas y luces frías, Sabela eligió el último queso del estante. Al girarse, chocó con él. El queso rodó hasta sus pies. Ambos se agacharon a la vez, riendo. Él también había tomado el último trozo de membrillo.
—Parece que cenaremos lo mismo—dijo él, sonrojado.
—O juntos —respondió Sabela, atrevida y soñadora.
En la calle llovía. Primero compartieron el paraguas, luego historias y, sin notarlo, la vida. Años después, al contar cómo se conocieron, decían: “Fue el destino. Y un antojo de queso con membrillo”.
—Parece que cenaremos lo mismo—dijo él, sonrojado.
—O juntos —respondió Sabela, atrevida y soñadora.
En la calle llovía. Primero compartieron el paraguas, luego historias y, sin notarlo, la vida. Años después, al contar cómo se conocieron, decían: “Fue el destino. Y un antojo de queso con membrillo”.